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Ya no te quiero.

O sí que te quiero. Pero te quiero un poco menos.

Dicen que internet está lleno de blogs abandonados. Como barcos fantasmas a la deriva. Los imagino con las palabras llenas de musgo, sudorosos de herrumbre y sentimientos marchitos.


Lo de las ganas de escribir lo que te pasa por dentro es como los estornudos. Da de repente, pero a veces, en vez de acabar con un sonoro "atchís!" lleno de metáforas, simplemente desaparece con un desagradable hormigueo de nariz y un parpadeo descontrolado de ojos acuosos.

Es desagradable que se te escape un estornudo.

Pero es aún más desagradable que se te escape un blog.



Viernes


Esta noche tengo una fiesta de esas en las que sostienes un canapé con una mano mientras sujetas la copa de champán con la otra. Seguro que sabéis a lo que me refiero. Esas fiestas en las que no puedes picar una papa arrugada porque si sujetas el tenedor con la mano derecha y el plato con la izquierda.. donde te metes la copa?


Y todo ello encaramada a unos tacones de 9cm. mientras un vaporoso (y carísimo) vestido ondula magníficamente por tus tobillos amenazándote con enredarse y hacerte caer.
Eso sería un "directo con la cara al suelo" porque, recordémoslo. Tengo las manos ocupadas.

Creo que para evitar riesgos pasaré primero por un McDonalds y me meteré entre pecho y espalda el menú más grande que encuentre (prometo foto de la cara de la dependienta que me sirva la hamburguesa cuando me vea aparecer con mi vestido largo, mis taconazos y todos los accesorios)

Así en la fiesta podré rechazar esos triángulos tan primorosamente decorados con un mohín de hastío y un vago gesto con la mano (la que me queda libre, la del champán no, la otra) mientras le murmuro con aire de suficiencia a mi amiga (de esas amigas que saludas con un "Querida!!" ) Cayetana Fitz Patrick de la Vega Grande "Estoy siguiendo la dieta del Dr. Nugget"

Eso me hará subir tres o cuatro peldaños ante sus estiradísimos ojos. Las mujeres "bien" están continuamente a dieta. Comer, que ordinariez.

Vengo de dar el almuerzo a mis dos viejecitas.


Mientras conducía de vuelta me he acordado de algo que permanecía aparcado en mi memoria, recuerdo que ocurrió prácticamente por las mismas fechas, quizás algo antes que ahora, en la vorágine previa a las navidades. Estaba haciendo prácticas hospitalarias cuando me encontré a Antonio en la sala de espera.


Era temprano, por la mañana, yo acababa de entrar a mi turno y allí estaba Antonio, sentado en una silla con el gorro de los mayores de nuestra tierra puesto, la chaqueta y las dos manos apoyadas en su bastón gastado. A su lado había una bolsa con ropa. En sus ojos brillaba la alegría del regreso a casa. Le habían dado el alta.

Antonio era viudo, tenía dos o tres hijos, no recuerdo cuantos.


Durante toda la mañana estuve subiendo y bajando, era un día de locos, pero siempre que pasaba por delante de la sala veía a Antonio, no se había movido ni un milímetro, el único cambio que se notaba a lo largo de las horas era el brillo de sus ojos que según avanzaba el día iba apagándose.

En el office dos enfermeras se tomaban el café de la excusa para descansar unos pies agotados.


- Pero no han avisado a nadie? - Decía una mientras soplaba en su taza.

- Sí, - suspiraba otra, - yo misma lo hice, unos no contestaban y al final localicé al menor, dijo que vendría en cuanto pudiese a buscarlo.

La tarde se acercaba y Antonio seguía en aquella silla, las manos aferradas a su bastón.

No puedo recordar que hora era, pero caía la tarde cuando un médico joven no pudo con la compasión y entró en la sala de espera hecho una fiera.

- Antonio!!! Pero que hace usted aquí???

- Pues.. Verá señor doctor. - Contestó el anciano con ese tono respetuoso que los hombres de campo usan con los señores de ciudad con estudios y bata - Es que me han dado el alta y ando esperando que mis hijos me recojan.

- Pero qué?? Qué?? Vuélvase usted ahora mismo arriba! quien le ha dado el alta?? Usted no tiene el alta! Claro que no han venido, es que yo no he autorizado que se vaya!!


Antonio miró al doctor con sorpresa y yo diría que hasta con suspicacia. Pero como a veces no queremos saber sino lo que no nos duele Antonio decidió creerlo y cogiendo su bolsa se incorporó lentamente hacia el ascensor..

El médico apenas podía aguantar las lágrimas mientras acompañaba al anciano.


La vida me llevó por otros caminos y nunca supe como acabó la historia. Quizás el hijo vino a buscarlo ya de noche. Quizás al día siguiente explicó que algo terrible le había pasado y no pudo avisar a ningún hermano para que lo sustituyese. Quizás al día siguiente se aclaró todo.


Quizás.


Pero si cierro los ojos aún puedo sentir la mirada de Antonio siguiéndome silenciosa por los pasillos de aquel hospital.


Yo quiero un Pleo!


El regalo clásico de todas las navidades es el cachorrito con mirada asustada y lacito de raso al cuello. El mismo que ya empieza a desilusionar y provocar la primera bronca cuando a los cinco minutos el aterrorizado peludo se mea en la alfombra del salón.

Siempre he pensado que los escaparates con mascotas deberían estar prohibidos, no solo para evitar la compra compulsiva “mami cómprame un perrito” sino que directamente me dan lástima esos bichos
languideciendo sobre recortes de periódicos encerrados en las cristaleras. (A veces tan minúsculas que para darse la vuelta casi tienen que maniobrar como una hormigonera en un callejón.)

Irremediablemente después del clásico de Navidad llega el clásico del verano, el chucho abandonado en plena autopista porque la familia se va de vacaciones y estorba, o porque mamá se ha hartado de sacar al bicho a pasear a diario ya que el crío “mami cómprame un perrito” tiene la wii (que le ha comprado la segunda esposa de su tercer exmarido para su primera comunión, esa fiesta donde te comes una galleta blanca y te montan un banquete con muchos regalos.)

Pues parece que para eso ha nacido Pleo

Y no me parece mala la idea no, un dinosaurio cuellilargo que se ha creado algo más dócil de lo que imagino que serían sus congéneres de carne y hueso. Es robótico, que viene a ser algo así como el furby pero sin que te den ganas de mandarlo al techo del garaje de un patadón (¿soy la única que piensa que el furby era ESPANTOSO?)

He estado jugando este fin de semana con uno y realmente, sin entender ni jota de robótica, es asombroso.

Y sin efectos secundarios, ni paseos, ni pipi en la alfombra, ni “donde dejo el chucho que nos vamos de fin de semana”, que te hartas, lo desenchufas y listo. La alternativa perfecta para los descerebrados abandonamascotas.

Yo por lo pronto ando mentalizando a mi gatita de que va a tener que compartirme con un Camarasauro de esos.

Esperaré a que monten un albergue de Pleos abandonados este verano y adoptaré uno.


No pensareis que me iba a gastar ese pastón ¿no?


Anda ya.

No soy frágil
No soy una princesa secuestrada
No estoy indefensa
No dependo de nadie
No vivo encadenada y custodiada por un dragón
No soy tímida y sensible como pétalo de rosa
No me ruborizo ante los ojos que se posan en mí
No me asusta pisar fuerte
No me cuesta mantener firme una mirada
No dudo en mis decisiones
No tengo miedo
No me importa que se escuche a lo lejos el clapclap de mis tacones de aguja
No necesito un hombro para llorar..

.. ni unos brazos fuertes que me protejan

No necesito que me protejan

Volare




Ya me olía algo al facturar por la cara de ciscunstancias de la azafata en la T4 de Barajas.. - "Puerta H2 no confirmada" Puerta no confirmada??? HUM!!

Paso el control de entrada en el que todos comos culpables hasta que se demuestre lo contrario. Solo les faltó meterme el dichoso scanner manual por la traquea (por no decir algo peor) Menuda psicosis llevan. Hasta los tacones me los olisquearon minuciosamente.

A quince minutos de la estimada para comenzar el embarque desaparece el vuelo de la pantalla por ensalmo.

Comienza la inquietud.

Todos los pasajeros se revuelven en la terminal mientras se oyen ecos del España - Italia.

* Primer peregrinaje: Información.

Allá que va Chiqui arrastrando unos pies agotados, una falta terrible de sueño y su maletavaquita por toda la terminal.

El tio de información estaba aterrado, una horda de canarios furibundos atacaban por todos los flancos.

- Tienen que ir a la oficina de información de la compañía - Repetía mientras empapaba su chaqueta de sudor y se le dilataban las pupilas de pánico. Es una suerte que nos quiten los objetos cortantes antes de pasar el arco.

* Segundo peregrinaje: Mostrador de la compañía.

..... ni un alma....


El mostrador cerrado, a cal y canto, pensamos que con el personal dentro metiendo la cabeza entre las rodillas y balanceandose mientras decían rítmicamente "no estamos.. no estamos.. si no lo vemos no está sucediendo.." y rezaban para que la persiana aguantase los palmetazos que se sentían al otro lado.

* Tercer peregrinaje: Información de Aena.


El mismo pobre sudoroso de antes vio como la horda cada vez más enfurecida volvía al mostrador a falta de otra víctima. Yo creo que ahora sí que sentía auténtico pánico. Por cierto, para llegar pasé otra vez el control de entrada (la segunda) le estaba pillando el truco a eso de ponerme y quitarme zapatos.. pendientes.. reloj..

El sudoroso nos remite a reclamaciones de Aena y a un mostrador de la compañía que nos había plantado, donde sabía que alguna azafata no tenía más remedio que estar ya que estaba facturando otro vuelo.. la pobre.

Vamos al mostrador donde estaba la azafata facturando. Pedimos las hojas de reclamaciones (entre gritos, para que negarlo) son irregulares.

* No se que peregrinaje llevo: Policía.

Otra vez salida al exterior, a denunciar. Dos agentes uniformados (y guapísimos, estará mal visto si les pido el teléfono por si vuelvo en breve a Madrid?) nos acompañan a hacer presión al mostrador.

* Seguimos. Mostrador de información de la compañía:

Al final los empleados abren la persinana ante el panorama que se les ofrece, denuncias.. insultos.. gritos.. y muchas horas de retraso ya acumuladas. Yo en este momento no sabía quien estaba más cansada, si mis tacones, mi alma, mi vaquita o yo.

* Paso de nuevo por el arco (me encanta, al final pediré trabajo aquí, le he pillado el truco. Pienso yo.. Se me caerá el pelo por pasar quinientas veces descalza por el mismo arco?? Tengo que consultarlo con mi médico de cabecera.)

* Al mostrador inicial: Rellenando formularios party, la macrofiesta.

Gracias a Dios que había robado todos los bolis del hotel.

El avión no aparece, dan mil versiones diferentes. Comenzamos a cabreanos en serio, aparecen los primeros insultos, porrazos y hasta algún intento de agredir a la azafata, la poli tiene que poner orden (que guapos oye).

Yo andaba con los pies en alto en el respaldo de la silla de delante y el alma en el suelo, solo quería irme a mi cama.

*Nuevo peregrinaje: Entrega de formularios y presión para que por lo menos nos diesen de cenar.

Salida al exterior oooootra vez, manos llenas de papeles informaciones y denuncias.

Mi maletavaquita se niega a rodar más y llora desconsoladamente.

*Paso de nuevo por el arco-terminaré con algo en la sangre: Chiquicacheada.


Después de haberme hecho un master asistencial de tres horas en el control de la T4 un segurita decide que llevo un objeto punzante en la maleta y que tiene que abrirla para inspeccionarla.
Ahí salió todo el cansancio de golpe y me cagué correspondientemente en sus familiares directos. Le dije que ya había que ser gilipollas para ver un objeto punzante la sexta vez que pasaba la misma maleta por el scanner de los coj.. y que se compraran uno nuevo,o que se graduasen la vista, leches, ya.

Acabé con los brazos en cruz, las piernas abiertas, un segurita mirandome con cara de pocos amigos y una susodicha cacheandome minuciosamente. No encontraron nada (obvio) y me dejaron marchar a regañadientes.

* Vuelvo al H2, exmostrador. Los ánimos por allí están ya a límite del caos, la madrugada apunta por las cristaleras.


En ese momento, milagrosamente, embarcamos. La gente andaba quejandose porque no nos habían dado ni agua, el personal de tierra nos dice que nos darán de cenar en el vuelo.



Cuando los pasajeros descubrieron en pleno vuelo que era mentira y que no había cena (o desayuno, según se mire) sino de pago y solo para unos cuantos la que se montó en el avión fue de órdago.

Aterrizé en Las Palmas de día, hambrienta, cansada y con una maleta en pleno berrinche.

Directamente al trabajo.

Manifiesto.

Me encanta mi gata.

Y me importa un pimiento si alguien no lo entiende.

Cuando mi gatita está tendida al Sol huele a ropa recién lavada, a algodón de azúcar, a pan horneado. Aspiro profundo el aroma dulzón de su piel ahí donde se pliega, y me encanta notar el calor de su respiración. Adoro hundir la cabeza en su vientre y sentir como la suave pelusa de su barriguita me cosquillea la cara. Me fascina jugar con sus uñas, doblando y desdoblando sus nudillos mientras ella, pacientemente, me deja hacer.

Tenemos un ritual íntimo. Coloco la nariz en la almohadilla de su patita delantera, ella abre las uñas y me sujeta por un rato. Yo no fuerzo más, ella no cierra más la garra, permanecemos un rato en esa extraña postura, ella acostada de lado, la pata extendida, sus uñas como alfileres a escasos centímetros de mis ojos, clavadas suavemente sobre mi piel. Suele aburrirse ella primero, se estira, me lame como despedida y se enrosca contra mi costado.

Me gusta oler hasta su aliento cuando bosteza. Y besarle la punta de la nariz, fría y húmeda.

Estoy física y espiritualmente enamorada de mi gata. Un micho de color indefinido y de ojillos traviesos que no tiene absolutamente ninguna intención de ser un gato bonito y elegante.

Y no me importa. La quiero.

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