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Manifiesto.

Me encanta mi gata.

Y me importa un pimiento si alguien no lo entiende.

Cuando mi gatita está tendida al Sol huele a ropa recién lavada, a algodón de azúcar, a pan horneado. Aspiro profundo el aroma dulzón de su piel ahí donde se pliega, y me encanta notar el calor de su respiración. Adoro hundir la cabeza en su vientre y sentir como la suave pelusa de su barriguita me cosquillea la cara. Me fascina jugar con sus uñas, doblando y desdoblando sus nudillos mientras ella, pacientemente, me deja hacer.

Tenemos un ritual íntimo. Coloco la nariz en la almohadilla de su patita delantera, ella abre las uñas y me sujeta por un rato. Yo no fuerzo más, ella no cierra más la garra, permanecemos un rato en esa extraña postura, ella acostada de lado, la pata extendida, sus uñas como alfileres a escasos centímetros de mis ojos, clavadas suavemente sobre mi piel. Suele aburrirse ella primero, se estira, me lame como despedida y se enrosca contra mi costado.

Me gusta oler hasta su aliento cuando bosteza. Y besarle la punta de la nariz, fría y húmeda.

Estoy física y espiritualmente enamorada de mi gata. Un micho de color indefinido y de ojillos traviesos que no tiene absolutamente ninguna intención de ser un gato bonito y elegante.

Y no me importa. La quiero.

6 perlas:

Sra. Chiqui;

Yo si la entiendo, porque yo también estuve enamorado de mi gata. Lamentablemente, al final ella me abandonó, pues un derrame gatuno-cerebral, o algo parecido, decidió que 17 años eran muchos años para un gato.

En esos juegos y rituales me ha hecho usted recordar los que mi gata y yo manteníamos. Especialmente lo de hundir mi cara en su barriga, actividad que clausuré cuando la alergia se hizo demasiado evidente. Hacíamos otras muchas cosas, como perseguirnos por los pasillos.

Aunque reconozco que nunca me excedí hasta el extremo de adorar el felino aliento.



Perfectos Saludos.

1 de diciembre de 2008, 5:24  

Que honor su visita. Eso se avisa! Mira como está todo.. Las alfombras sin aspirar y la cama desbaratada.

En lo más profundo de mi ser me averguenzo de lo del aliento, pero no lo suficiente como para quitarme del vicio. Que haríamos si no pudiesemos darnos estos pequeños placeres que a veces solo tú entiendes.

1 de diciembre de 2008, 6:26  

Sra. Chiqui;

Habrá querido usted decir "qué horror", en lugar de qué honor.


Lo cierto es que hacía mucho, muuucho tiempo que no comentaba en ningún blog. Es que me da mucha pereza y además, si luego me reciben con las alfombras sucias, usted verá, ¡es que se me quitan las ganas!


Perfectos Saludos.

2 de diciembre de 2008, 1:55  

Prometo tener el blog de aquí en adelante inmaculado. No me volverá a pillar desprevenida, lo siento era la falta de costumbre.

3 de diciembre de 2008, 4:11  

Yo también tuve gato. 16 años y medio. Le adoraba... qué listo era el cabronazo!!

Y qué bien huelen, cierto... y cuánto me ha hecho recordar este post, y añorar a mi bichejo.

Un besazo!

14 de abril de 2009, 15:51  

Gracias Akroon por tu visita, todo un honor leerte.

Los gatos son un mundo aparte, hay que tener uno para entenderlo, a que si.

5 de mayo de 2009, 3:52  

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